viernes, 12 de abril de 2013





waldeck




Después de una larga pausa vienés productor waldeck vuelve con sus nuevo álbum "ballroom".
Deslizar los pies en los suelos pulidos de los salones de baile y
clandestinos de la década de 1920, es donde waldeck nos ha llevado.
Waldeck reúne  cóctel celestial que promete una vida más rica que el humo espeso de puros cubanos. El primer single de "make my day" evoca los días en que Al Capone hizo una fortuna con la venta de alcohol.
Por otro lado, "addicted" se cuela con una intrigante línea de bajo y una buena dosis de tango. Zeebee (también conocida como Eve Angel) es la nueva voz en esta obra maestra.
"Estoy fascinado por la vida hedonista y el carácter de esta época.
En aquella época las mujeres fumaban largos  cigarros y su única razón de ser parecía ser la búsqueda del placer.
La oscilación músical de los años 20 y 30 nació tanto del alto nivel artístico como de la calidad y el entretenimiento. Una combinación no vista hasta entonces.
"Gran parte de esta tradición fue destruida por el regimen nazi y la segunda guerra mundial. 
La gran parte de los canciones han sido grabadas en directo.
Waldeck logra un viaje atraves del tiempo donde los gramófonos funcionaban por las salas de baile de cada ciudad.
Es fascinante que la ilusión sólo funciona con los efectos de sonido de un gramófono. Si escucha la misma música tocada en directo, no tendrías la misma sensación de viajar al pasado, es curioso cómo funciona nuestro cerebro.
Musicalmente waldeck habita en ritmos poco convencionales tales como el swing y los combina con su viejo pasión: jazz y reaggae, y funciona bien.
Waldeck espera que este álbum vuelva a ser tan exitoso como sus anteriores álbumes "Balance of the Force", de 1998, y "The Night Garden Reflowered" (2001), que vendió más de 100 000 copias.






Kitty, Daisy & Lewis 


Posiblemente, si no te va el asunto o desconoces el lejano pasado, cuando veas una foto u oigas una canción suya, enseguida te asalte un pensamiento displicente del tipo: ufff, qué carrozada del siglo pasado. E incluso que mires el almanaque, por si estás sufriendo alguna alucinación y el tiempo haya retrocedido a 1955, el año en el que se oficializó el nacimiento del rock’n'roll. Suena el primer álbum de Kitty, Daisy & Lewis y da la sensación de que estamos en aquella época, viviendo una fantasmagoría: sonido genuino de los cincuenta y ropajes y peinados de entonces. Sin embargo, la fecha inserta en el cedé te despertará de cualquier delirio mental: 2008. O sea, hace tres años que tres criaturas de 15, 17 y 19 años editaban este disco con canciones que escuchaban sus abuelos en los cincuenta. Otros tres años antes, habían grabado su primer single, ‘Honolulu Rock’, una versión, como prácticamente son todas las piezas del álbum, versiones de hace más de medio siglo, bandeándose entre el hillbilly, el country, el R&B, el boggie, el blues… y hasta la música hawaiana. Asombra la vitalidad y el genuino ardor que le echan, aunque en piezas como el clásico ‘Got My Mojo Working’ asomen rastros todavía infantiles en la voz de la cantante Daisy. Gente de hoy pero con las espuelas musicales en otro tiempo. Por no saber, ni saben (eso dan a entender) qué es un iPod o un mp3. Lo suyo es ‘vintage’ infeccioso que se mete hasta en lo tecnológico: el disco se grabó en el dormitorio de la criatura mayor, quien, a base de piezas antiguas analógicas, se montó su propio estudio. Tiene su explicación, aquello de ‘de casta le viene al galgo’. Los tres, con genes asiáticos aunque nacidos en Londres, son hermanos e hijos de familia musical. El padre es ingeniero de sonido y la madre tocaba la batería con The Raincoats. Ambos les guían e incluso salen al escenario a tocar junto a sus vástagos. Familia unida, familia feliz, que decía un viejo slogan. Tiene guasa: hace 55 años, a los hijos que querían tocar rock’n'roll, los progenitores les soltaban un guantazo, hoy les dan clases particulares. Este año, el trío ha soltado su segundo álbum, ‘Smoking In Heaven’, ya con todo piezas propias y manufactura analógica y en la que la paleta estilística se ha abierto a otros géneros que también le privan: el jazz y sobre todo el ska, el rock steady y el calypso. Quizá esto fastidie a puristas y a quienes hayan tomado a un grupo como este como si fueran un eslabón entre Hank Williams, Stray Cats e Imelda May, como si solo el rockabilly habitara en ellos. Nada más lejos: “Nosotros no pertenecemos a escena alguna, no somos una banda de rockabilly”, han sentenciado por si acaso. No son puristas del rockabilly, pero cuán genuina resulta su estampa y cuánto se disfruta una música como esta por poco original  que parezca y lo añosa que es en su origen. Da igual. Me encantan estas alucinaciones.











wes montgomery



Sin restarle meritos a toda una serie de grandes guitarristas del jazz como Barney Kessel, Tal Farlow, Kenny Burrell, Jim Hall o Jimmy Rainey, es sin duda, Wes Montgomery,  (1923-1968), quien recoge con mas fuerza y propiedad el testigo que dejara en la guitarra de jazz, el gran maestro, Charlie Christian.
     Nacido en el seno de una amplia y modesta familia, Wes Montgomery, se trasladó con su padre a Ohio junto a su hermano mayor Monk, cuando el matrimonio se separó. Con diecinueve años compró su primera guitarra y se maravillaba del solo que Charlie Christian había grabado con Benny Goodman titulado "Solo Flight". Dotado de un oído excepcional, tuvo sus primeros trabajos como guitarrista en algunos clubes de Indianápolis como el "440 Club". En mayo de 1948,Lionel Hampton lo incorpora a su banda con quien permaneció durante dos años lo que le valió la posibilidad de tocar conCharles Mingus, Fats Navarro e incluso acompañó a la guitarra a la gran Billie Holiday y pudo grabar sus primeros discos con Hampton y con su vocalista, Sonny Parker.
     Padre de familia numerosa, sus obligaciones domesticas le condicionaban a trabajar muchas horas al día para mantener a su familia. Sus hermanos, Buddy Montgomery (vibrafonista y pianista) y Monk (contrabajista eléctrico) le prprpusieron formar un grupo para tocar en la Costa Oeste y en 1957 formaron el cuarteto "The Mastersounds" consiguiendo algunos contratos de grabación con el sello "Pacific Jazz". Wes Montgomery, participó en cinco álbumes, el primero de ellos titulado: "The Montgomery Brothers plus Five Others" que fue también la primera grabación del trompetista, Freddie Hubbard. 
     A pesar de su calidad, el éxito tardó en llegar. Tuvo que intervenir casualmente el saxo alto, Cannonball Adderley, que venía de un concierto en Indianápolis y había escuchado a Wes, tocar en el "Missile Room", un club local, para recomendárselo al director musical de sui compañía de discos. Así empezó una fructífera relación de Wes Montgomery con el sello Riverside que duro cinco años. Dos semana después de firmar, Wes Montgomery grababa en New York su primer disco para Riverside con el organista, Melvin Rhyne y el baterista, Paul Parker, el mismo acompañamiento que tenía en el"Missile Room". En 1960 realiza la grabación del que muchos consideran el mejor disco de su carrera titulado "The Increíble Jazz Guitar". La aparición de aquella grabación entusiasmo a críticos, especialistas y aficionados y las revistas,Down Beat y Metronome le otorgaron los premios anuales al mejor guitarrista de jazz. Con el éxito alcanzado, volvió a tocar con sus hermanos grabando otros tres discos como "The Montgomery Brothers" y otro mas con el pianista ciego,George Shearing. Durante 1961 y 1962 participó en el Festival de Jazz de Monterey y también tocó con el cuarteto de John  Coltrane.
     Cuando el sello Riverside se colapsó tras la muerte de su presidente, Bill Grauer, Wes ficha por la compañía Verve quien en aquella época era dirigida por Creed Taylor, propietario poco tiempo después del sello CTI. Con Verve consiguió un premio Grammy al álbum "Goin' Out Of My Head" en 1965, un registro demasiado edulcorado, pero antes había dejado grabado en directo en el club neoyorkino "Half Note" un álbum extraordinario titulado: "Smokin' at The Half Note". Ya apenas tuvo tiempo pra grabar su ultimo disco titulado "Road Song" grabado a primeros de mayo de 1968 y que fue publicado tras la muerte del guitarrista, fallecido repentinamente de un ataque al corazón apenas veinte días después, el 15 de junio de 1968 con tan solo 45 años.
     En palabras del critico de jazz, Ralph Gleason, "....Wes Montgomery fue lo mejor que le sucedió a la guitarra de jazz desde la muerte de Charlie Christian." Y hoy en pleno Siglo XXI, esa frase conserva plena vigencia


sábado, 6 de abril de 2013





Playing for Change



 Es un proyecto musical multimedia y también una fundación, ambos creados por iniciativa de Mark Johnson con el objetivo de reunir, grabar y filmar músicos de diferentes culturas.En marzo del 2005, el ingeniero de sonido y productor estadounidense Mark Johnson filmó y grabó al guitarrista y cantante estadounidense Roger Ridley en las calles de Santa Mónica, California cantando la canción Stand by Me. Fue entonces cuando decidió añadir otros músicos a esta misma canción: viajó a Barcelona, donde grabó, entre otros, a Clarence Bekker, y luego a Sudáfrica, a la India, a Nepal, a Oriente Próximo y a Irlanda, donde añadiría a muchos otros intérpretes tanto a la grabación de la misma canción como a la grabación de otras canciones. Hacia mayo de 2011, el vídeo de Stand by Me1 ha sido visto más de 41 millones de veces en Internet.








viernes, 5 de abril de 2013




Francesco Tristano 



 Descubre el piano con 5 años. A la edad de 13 ofrece su primer concierto, presentando sus propias composiciones, y pronto realiza giras de conciertos como solista y importantes orquestas, tales como la Orquesta Nacional de Rusia, la Orquesta Nacional de Francia de Lille y la Filarmónica de Luxemburgo. Estudió en la Juilliard School of Music, y fue uno de los últimos estudiantes en asistir a las clases magistrales de Rosalyn Tureck. También estudió en Bruselas, Riga, París, Luxemburgo y Barcelona, y en 2004 ganó el premio internacional de piano de Orléans.

Su amplio repertorio abarca príncipalmente obras de los siglos XVII y XVIII, música contemporánea y música electrónica, donde refleja su experiencia y habilidad en el teclado; de hecho, él mismo se niega a aceptar la existencia de fronteras estilísticas y su trabajo presenta siempre un gran respeto por todas las músicas y un constante interés por la interacción entre tradiciones y prácticas diversas. Junto a otro extraordinario pianista, Rami Khalifé, conforma el núcleo de Aufgang, grupo que incorpora electrónica y percusión abarcando una amplia gama de sonoridades y formas de la música de vanguardia. Ha publicado ya doce álbumes, incluidas las Variaciones Goldberg de Bach y la obra completa para piano de Luciano Berio. En Not for Piano (2007) presenta sus propias versiones de “clásicos” del techno para piano, incorporando elementos estilísticos de la música clásica y de la música minimalista. Su álbum Idiosynkrasia (2010), muy bien recibido por críticos del mundo entero, muestra su faceta más electrónica, siempre cargada de un fuerte componente experimental. Tras firmar por el sello Universal, sus últimos trabajos han sido BachCage (2011) y Long Walk (2012).







La música errante de Rodríguez


La música no conoce fronteras pero el mercado discográfico sí. Sixto
Díaz Rodríguez hizo música blanca y reivindicativa en los EEUU de la década de los 70 y no le entendieron. Su desencuentro con el público fue de tal calado que abandonó la música. Sixto, el sexto hijo de un matrimonio mexicano afincado en Detroit, nació discográficamente con la vitola del Bob Dylan chicano y ahí empezaron sus problemas. El mercado no estaba preparado para escuchar de un latino otra cosa que no fuera música latina. Rodríguez pagó su osadía de la manera más dura que le puede tocar en suerte a un músico, abandonando su profesión.
Ahora un documental -nominado a los Oscar de 2013- recupera su historia bajo el signo de la pre-globalización. Casi en paralelo a su caída en el ostracismo en el mercado de los EEUU, Rodríguez se convirtió en un músico de culto en Sudáfrica. Sus canciones se convirtieron en iconos de los militantes contra el apartheid. Y de este país, las canciones descarnadas de Rodríguez volaron a Australia y Nueva Zelanda con idéntico éxito. Tanto que treinta años después de abandonar su carrera profesional, Rodríguez -que ha trabajado en la construcción todos estos años- volvió a cantar sus odas incomprendidas. Ahora con el documental  Searching for Sugar Man alcanza la efímera fama que se le negó en aquella América de canción.